martes, 13 de agosto de 2019

¡Gaia existe! He aquí la prueba.

Me he permitido traducir y adaptar un artículo de Hugo Bardi sobre la existencia de Gaia y las consecuencias del Cambio Climático, comentando un paper científico.






A veces se habla de los ambientalistas como "adoradores de Gaia", un término que se supone insultante. Resulta un poco extraño porque la mayoría de las personas en este planeta adoran abiertamente a entidades inexistentes y eso normalmente no los convierte en blanco de insultos. Tal vez sea porque hay una diferencia importante: Gaia existe.

¿Pero quién o qué es Gaia, exactamente? El nombre pertenece a una antigua diosa, pero la versión moderna es algo diferente. Como probablemente sepan, el término fue propuesto por primera vez por James Lovelock en 1972 y desarrollado conjuntamente con Lynn Margulis. Como sucede con muchas ideas innovadoras, fue el resultado de una simple observación: si la intensidad de la radiación solar aumenta gradualmente a lo largo de los eones, ¿cómo es posible que la temperatura de la superficie de la Tierra haya permanecido dentro de los límites necesarios para mantener viva a la biosfera? Tiene que haber algo que lo mantenga así. Lovelock propuso que el mecanismo se basara en la regulación de la concentración de gases de efecto invernadero, principalmente CO2. Una idea que es el núcleo del debate actual sobre el cambio climático: trata de los mecanismos internos que hacen del clima de la Tierra lo que es y lo que puede llegar a ser en el futuro.

Por lo tanto, Gaia es poderosa pero no se supone que sea benevolente o misericordiosa, y ni siquiera es una Diosa: podríamos decir que Ella es lo que es. Pero, ¿realmente existe? No todos están de acuerdo en este punto. El concepto se denomina a menudo "Hipótesis de Gaia" y se han escrito libros enteros para demostrar que no existe tal cosa como un mecanismo de control de la temperatura de la Tierra. De hecho, al principio, la idea era sobre todo cualitativa y no estaba probada. Lovelock propuso un modelo inteligente llamado "Mundo Margarita" que mostraba cómo una biosfera simplificada podía controlar la temperatura de un planeta. Pero la biosfera de la Tierra no sólo está hecha de margaritas sino de otras muchas cosas. Sin embargo, con el tiempo se han acumulado pruebas de que Gaia es mucho más que una hipótesis cualitativa (o un objeto de culto por parte de personas que creen en seres inexistentes).

Permítanme mostrarles algunos datos de un artículo de Foster, Royer y Lunt de 2017 que pueden ser vistos como prueba de la existencia de Gaia aunque nunca mencionen el término. No se trata de nuevos descubrimientos, sino que utiliza los datos disponibles para observar cómo la concentración de CO2 y la irradiación solar han variado en los últimos 400 millones de años, la mayoría de los eones que llamamos el "Fanerozoico". El documento es un tanto técnico, pero claramente escrito y se puede seguir el argumento incluso si no se es especialista en física atmosférica. Aquí están los principales resultados:








La figura superior (a) muestra el promedio de forzamiento de CO2 (línea roja), comparado con el forzamiento solar (línea amarilla). Por "forzamiento" se entiende el efecto térmico sobre la Tierra expresado como potencia por metro cuadrado (W/m2). Se llama forzamiento porque es un cambio de una condición previa. Un forzamiento positivo calienta la Tierra, un forzamiento negativo la enfría. Los valores del orden de unos pocos W/m2 pueden parecer pequeños, pero pueden cambiar la temperatura de la Tierra en algunos grados centígrados.

El sorprendente resultado que aparece en la figura muestra cómo los dos forzamientos, Sol y CO2, se equilibran entre sí casi exactamente. Podemos ver esto en el panel inferior de la figura: el forzamiento neto es la línea roja. Esto es realmente impresionante. Suponiendo un factor de sensibilidad de 0,3, se puede calcular que el forzamiento solar, por sí solo, debería haber aumentado la temperatura media de la Tierra de unos 2-3 grados en 400 millones de años. El aumento habría sido considerablemente mayor si se hubieran tenido en cuenta las reacciones (por ejemplo, el vapor de agua). Pero no vemos este aumento, en absoluto. He aquí algunos datos recientes de Mills et al.


Miremos la curva gris: muchas oscilaciones pero, en promedio, la temperatura ha permanecido constante durante los últimos 400 millones de años. Si hubiera aumentado tan sólo 2-3 grados centígrados, el efecto sería claramente detectable. Si retrocedemos el límite a tiempos más antiguos, a los orígenes de la vida en la Tierra, el efecto debería haber sido mucho mayor: la Tierra antigua debería haber sido al menos 20 grados más fría de lo que es hoy en día. Debería haber sido una bola de hielo. No lo era: sabemos que había agua líquida incluso en aquellos tiempos remotos.

Por lo tanto, los datos son claros: el aumento de la irradiación solar sobre la historia geológica de la Tierra ha sido compensado principalmente por una disminución de la concentración de CO2. Por supuesto, hay otros factores que afectan al clima: otros gases de efecto invernadero, cambios de albedo, corrientes oceánicas, nubes, partículas atmosféricas, oscilaciones orbitales y axiales. Pero parecen jugar un papel menor en la escala de tiempo de un eón. ¿Podemos creer que esta compensación casi perfecta ocurrió por casualidad? Sí, a veces las cosas suceden por casualidad, pero ¿puede la misma cosa seguir sucediendo por casualidad durante 400 millones de años?

¿Alguien dijo "Gaia"? Sonríe! La tenemos delante. Ella existe y tenemos la suerte de que Ella es lo que es, Sistema de la Tierra o metáfora poética. De lo contrario, la biosfera habría muerto hace mucho tiempo, quemada o congelada.

Pero, ¿qué mecanismo hace que la concentración de CO2 disminuya a medida que aumenta la radiación solar? ¿Y adónde va el CO2 eliminado? Lovelock había propuesto que era sólo la biosfera la que hacía el trabajo, ahora parece que necesitamos una estrecha relación entre la biosfera y la geosfera para obtener el efecto que vemos. En parte, el CO2 se elimina de la atmósfera por fotosíntesis y luego se transforma en la sustancia inerte llamada "kerógeno" (el precursor de los combustibles fósiles), y luego se entierra en la corteza. En parte, el CO2 reacciona con los silicatos en la corteza para formar carbonatos sólidos. Es una larga historia y no todo es conocido, pero las cosas empiezan a tener sentido. Lovelock tenía razón.

Ahora bien, ¿son relevantes para nosotros los acontecimientos que han ocurrido durante cientos de millones de años? Absolutamente sí. La escala de tiempo puede cambiar, pero la física sigue siendo la misma. Lo impresionante es que aquí no se juega con modelos misteriosos. Se trata de datos experimentales combinados con principios físicos simples que se conocen y establecen desde hace al menos un siglo. Demuestran que el CO2 afecta al clima, algo que muchos adoradores de Dios o del progreso se niegan a aceptar.

Comparando la situación actual con el registro del Fanerozoico, podemos ver que la fuerza que estamos creando con nuestras emisiones de CO2 (en la actualidad alrededor de 3 W/m2, y aumentando) es del mismo orden de magnitud de los forzamientos del pasado que causaron que la Tierra alcanzara la condición de "invernadero de la Tierra", 10-20 grados más caliente de lo que es hoy en día -- ¡y eso incluso para una irradiación solar más pequeña! Si ha sucedido en el pasado, es muy posible que vuelva a suceder. Pero sería más fácil hoy porque el sol está más caliente. Así que, bien podríamos estar en un problema muy profundo.

¿Cómo de rápido podría ocurrir la transición a una Tierra inhabitable para el ser humano? En este punto, los datos del Fanerozoico nos ayudan poco: no tenemos la resolución que sería necesaria para detectar eventos rápidos como el increíble estallido de concentraciones de CO2 en la atmósfera que los humanos han creado durante los últimos siglos. Algunas personas dicen que los seres humanos se extinguirán en unas pocas décadas debido al desencadenamiento de la liberación de metano, otro poderoso gas de efecto invernadero del permafrost. Eso sería consistente con las varias extinciones masivas que tuvieron lugar durante el Fanerozoico: sabemos que Gaia no es ni benevolente ni misericordiosa, nos enfrenta a las consecuencias de lo que hacemos

Pero la extinción de la humanidad no es necesariamente la voluntad de ninguna diosa. El daño que hemos causado puede ser revertido, especialmente si colapsa el sistema económico mundial. Eso detendría la quema de combustibles fósiles y la Tierra podría volver a las condiciones anteriores sin la destrucción total prevista en algunos escenarios. Con el tiempo, seguramente lo hará, aunque eso puede llevar unos cuantos millones de años. Gaia puede no ser benevolente, pero seguramente es paciente.

6 comentarios:

  1. Se suelen señalar, de manera más o menos acertada, los males medioambientales que aquejan al planeta. Sin embargo, se habla poco sobre el sistema que genera dichos males, es decir, el capitalismo. Un sistema que convierte todo en mercancía, incluidos los seres humanos, tiene forzosamente que colapsar.

    Esta nueva deidad que es el dinero y su ciego culto al lucro, es lo que ha propiciado la degradación de la humanidad y la contaminación suicida del planeta. El valor de un río, de un árbol o de un animal no puede ser determinado por Wall Street. El verbo colaborar ha sido sustituido por el verbo competir hasta extremos inhumanos con terribles consecuencias sobre la vida. No basta con "corregir" ciertos aspectos de este sistema que nos está conduciendo al desastre, hay que acabar con él o él acabará con nosotras.

    Salud

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    1. A estas alturas, el colapso del capitalismo, tan inevitable como brutal en su caída, empieza a vislumbrarse como la última oportunidad para una humanidad que aspire a un futuro a largo plazo.
      En sus estertores, el capitalismo nos está devolviendo al fascismo implícito en la ética protestante de cuya secularización obtiene sus valores.
      La utopía se desvela como la única postura realista.

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  2. El principal problema es que el sistema está haciendo lo posible para que no pensemos.

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    1. Matizaría que el sistema estaría haciendo lo posible para que no pensemos de forma inconveniente para algunos intereses particulares lo que a su vez lo sumerge en una endogamia ideológica cada vez mas asfixiante y letal para el propio sistema.

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  3. Un post muy bueno que reproduzco si no te importa en mi blog.
    Que esto peta está claro, todas las alarmas encendidas y los que pueden cambiar las cosas, básicamente los que mueven los ejércitos, están conformes con la caída. Dónde nos dejas esto? Si como bien se dice cuanto antes colapse el sistema antes se detendrá el proceso de destrucción del ambiente humano lo lógico sería propiciar el colapso. Se ha intentado, y no se ha podido. Nada puede con la lógica capitalista, ni si quiera el predatismo o despojo puro. Hasta que una parte significativa de la población comience a sufrir sus efectos parece ser que se dará la condición para una nueva ideología. ¿Qué opinas?
    Salud!

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    1. Mi opinión parte de un planteamiento muy sencillo y es que la sostenibilidad no es imposible: es inevitable. Por otro lado cabría añadir otra obviedad y es que nada ocurre instantáneamente. A estas alturas, mas que derribar al capitalismo, quizá interese planificar estrategias para que no nos aplaste ni nos haga responsables de su caída. Básicamente, preparar botes salvavidas y alejarnos para evitar el efecto succión que nos haga naufragar. Quizá también para evitar el penoso espectáculo de una izquierda que asiste como plañidera a los funerales de un modelo económico que ha dinamitado la base de nuestra propia existencia como civilización y como especie, a pesar de disponer de los conocimientos necesarios para evitarla.
      En cuanto a ideologías estamos bien surtidos, el problema es que necesitamos abandonar el antropocentrismo suicida y adaptar esas ideologías a la realidad biofísica. De todas formas, si la revolución no la hacen los cerebros la harán los estómagos.

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