lunes, 21 de enero de 2013

La Constitución de las Leyes de la Naturaleza: Termodinámica

Vivimos los preliminares de una crisis energética cuyo desenlace dista mucho de estar cercano en el tiempo. Nuestro sistema económico y social hace aguas y lejos de plantearnos que estamos ante un naufragio en toda regla la emprendemos, no sin razón, contra los políticos que nosotros mismos elegimos. Pero ¿sabemos lo que es la energía, lo que es un sistema, conocemos las leyes Naturales que rigen a ambos? Y lo que es mas importante ¿conocen nuestros políticos y economistas las implicaciones de esta crisis energética sobre la economía real y sobre las consecuencias sociales que conlleva? Abogado de 50 años. Ese es mas o menos el perfil de un político medio. La formación en ciencias no es precisamente lo que caracteriza a nuestros representantes y a la población en general. Pero para intentar un acercamiento a una percepción realista, intuitiva y a la vez rigurosa de los desafíos y consecuencias de la crisis energética, debemos partir de lo que ya conocemos. Y qué mejor manera que usar una comparación entre las leyes que rigen las sociedades y las que estructuran la Naturaleza.
Un Estado de Derecho se caracteriza entre otras cosas por disponer de una Constitución, un tratado de normas fundamentales que todos deberíamos conocer, entre otras cosas porque el desconocimiento no nos exime de la obligación de cumplirlas. Lo consideramos algo necesario para hacer gobernable una sociedad tan compleja como la nuestra. La Constitución Española tiene por ejemplo "solo" 169 artículos, muchos de los cuales tienen a su vez varios apartados.

Podríamos pensar que la Naturaleza tiene un cuerpo legislativo fundamental mucho mayor. Al fin y al cabo la gobernanza de un Universo, con millones de galaxias, con innumerables partículas y cuerpos inanimados, o la gobernanza de la propia vida en nuestro planeta Tierra con infinidad de criaturas, diferentes ecosistemas, con la tremenda diversidad de especies conocidas y desconocidas, incluyendo las sociedades humanas presentes, pasadas y futuras, parece sugerir la necesidad de una Constitución prolija y compleja.
Sin embargo en la Naturaleza, la simplicidad y la elegancia van de la mano para terminar por constituir eso que llamamos belleza. Solo dos leyes fundamentales establecen el marco y la estructura sobre las que se apoyan todas las demás: las leyes de la Termodinámica.

NO SOMOS DIOSES
Si tomamos como referencia al ser humano y las sociedades que puede constituir, las leyes de la Termodinámica se pueden resumir en tres palabras: no somos dioses, no podemos crear materia ni energía. Nadamos en un tecno-optimismo según el cual se supone que ya se inventara algo, que el mercado sustituirá las fuentes de energía que se agotan por otras, que las leyes del hombre terminarán burlando a las leyes de la Naturaleza. Ningún indicio hay de que esto pueda ocurrir. Nuestros científicos llevan años avisando de las consecuencias del cambio climático, del crash económico y societal que trae consigo el pico del petróleo, de la pérdida de biodiversidad, de la contaminación, de la superpoblación, etc. Pero al parecer nada de esto sirve frente a los imperios mediáticos.

LA PRIMERA LEY
El enunciado nos resulta familiar desde la educación general básica:

La energía no se crea ni se destruye solamente se transforma.

Siempre se hace énfasis en el hecho de que no podemos crear energía, pero si leemos bien, la primera ley nos dice que la energía ¡tampoco puede destruirse! ¿Dónde está entonces el problema energético? Nadamos literalmente en energía, la propia materia es energía condensada. Para que la temperatura media de nuestro planeta no cambie, para que el planeta no se caliente, la Tierra debe deshacerse de la misma cantidad de energía que recibe. El calentamiento global implica que durante las últimas décadas ese balance se ha desequilibrado y el sistema terrestre no consigue deshacerse de toda la energía que le llega.

Lo que la mayoría de la gente no entiende es que si la energía es tan abundante, no exista una tecnología que nos permita usar toda esa energía "libre" y muchos recurren a las mas complejas teorías conspiratorias para explicar ese desatino. Pero podemos morir de escasez en un mar de energía, de la misma manera que podemos morir de sed en medio de un océano de agua salada. Para poder comprender esta paradoja necesitamos profundizar en el conocimiento de la Segunda Ley.

11 comentarios:

  1. Ya sabes cuanto me gustan tus entradas, con tu permiso te enlazo esta y la siguiente porque me parecen tan tan claras, nunca estará de más difundir estos conceptos... y mira que andan impermeables por ahí sueltos, aghhh. Bsss.

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  2. @ enletrasarte
    Espero que también resulte útil.

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  3. @ emejota
    Algunos debates con economistas me han dejado estupefacto precisamente por su "impermeabilidad". La ciencia está cada vez mas lejos de la economía.
    Un saludo

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  4. @ Pedro Ojeda Escudero
    No hacemos nada, o mejor dicho, lo que hacemos está muy lejos del sentido común y de una percepción serena e imparcial de la realidad.
    Un saludo

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  5. Me ha gustado mucho la forma cómo has planteado el problema de la energia.
    La economía está llena de aparentes optimistas para no abandonar el poder.

    Los ciudadanos tenemos que informarnos y formarnos y tomar las riendas.

    Un saludo

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  6. parece que estás hablando de un corazón

    abrazos Gaia.

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  7. ¿Y tu que propones? Entiendo lo que quieres decir, pero ¿cuál sería el camino alternativo? ¿Cómo se para todo esto? Al final, no se cómo, siempre mandan los mismos.¿deberían gobernar los científicos o filósofos? No me gustan los abogados, no me fío de ninguno.

    Un saludo

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  8. ¿Y tu que propones? Entiendo lo que quieres decir, pero ¿cuál sería el camino alternativo? ¿Cómo se para todo esto? Al final, no se cómo, siempre mandan los mismos.¿deberían gobernar los científicos o filósofos? No me gustan los abogados, no me fío de ninguno.

    Un saludo

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  9. @ Nano
    En realidad las cosas son bien sencillas. No se puede crecer de forma infinita en un planeta de recursos finitos. El crecimiento puede terminar por decisión propia o al menos de froma controlada o mediante el colapso de nuestra civilización. Aún tenemos cierto margen de maniobra que se va estrechando cuanto mas tiempo pasa sin que hagamos nada para cambiar.
    No tengo responsabilidad sobre los actos ajenos pero sí sobre los propios. Intento hacer lo que puedo. La vida tiene un principio y un final, lo importante es lo que hacemos en ese intervalo de tiempo.
    Un saludo

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