domingo, 29 de julio de 2012

El huerto estacionario. Sin laboreo.

No se concibe hoy la agricultura sin la presencia del tractor y la maquinaria movida por combustibles derivados del petróleo. Los antiguos animales de labranza ha sido sustituidos por los cientos de caballos de potencia que mueven las máquinas. Esto ha permitido concentrar a la mayor parte de la población en las ciudades quedando solo una población residual dedicada a la agricultura.
Cuando se habla de la escasez y el fin de la era del crecimiento económico basado en el petróleo, todo el mundo espera que los mercados manifiesten su divinidad y saquen de su chistera una nueva forma de energía infinita que nos permita seguir creciendo. Pero los mercados no están haciendo eso, sino que están procediendo a la exclusión creciente de personas y a la destrucción de las democracias para mantener el estatus de un número cada vez mas reducido de personas. Los mercados nunca hicieron ascos a la esclavitud ni a las dictaduras. El hambre crece en silencio. Y ese silencio es el nuestro.

SIN LABOREO
Lo mas atractivo desde el punto de vista práctico es que si usamos un sistema de labranza cero tenemos mucho menos trabajo. No es agricultura contemplativa, pero si bastante llevadera desde el punto de vista del esfuerzo físico. Aunque en un principio podemos usar la azada para una primera preparación del suelo, después dejamos el trabajo de abrir los poros en la tierra a las raíces y a todos los organismos que se alimentan de ellas y de los restos que dejamos en el mismo suelo después de la cosecha. Es lo que llamamos abono verde .
Una de las causas de la compactación del suelo es la presión que ejercemos con nuestro acceso reiterado a los cultivos. Una buena solución puede ser cubrir los accesos con una capa mucho mas gruesa de residuos. Podemos elegir la parte mas leñosa de los mismos y dejar los mas finos para la cobertura  de la superficie útil cultivable. El tránsito lo realizamos pisando sobre la banda de residuos vegetales ayudando así a su triturado y compactación, a la vez que distribuimos la presión de nuestros pasos sobre una superficie mucho mayor. Disponemos también de un área donde incorporar abonos aún no degradados cuya incorporación directa pueda ser peligrosa para las plantas, ya que los materiales leñosos son de descomposición lenta, de uno a varios años.
De esta forma se mejora la infiltración del agua, el suelo en vez de degradarse, mejora, y la producción aumenta. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación la Agricultura de Conservación se basa en tres principios básicos: perturbación mínima del suelo, cobertura permanente del mismo con materiales orgánicos y diversificación de especies cultivadas en secuencia o asociaciones. Son criterios muy generales, por lo que debemos adaptarlos a cada situación concreta. Debemos tener en cuenta sin embargo que lo que diferencia a este modelo del tradicional o comercial es su enfoque sistémico.  No se trata tanto de cultivar tomates o lechugas, como de restaurar o conservar un ecosistema alimentario y de garantizar nuestra seguridad alimentaria a largo plazo.


INTERPRETACIÓN TERMODINÁMICA
Partir de principios sencillos tiene especial utilidad cuando nos iniciamos en algo tan complejo como la agricultura. Esto nos permite disponer de una guía intuitiva sobre los procesos para adaptarlos a nuestras circunstancias, medios y necesidades. En general podemos decir que usando técnicas sin laboreo conseguimos descompactar el suelo, manteniendolo suelto y aireado usando la energía que las plantas captan del sol, ya sea de forma directa, mediante el empuje de las raíces de los cultivos o de las plantas que nos sirven de cobertura, o de forma indirecta, mediante los organismos que obtienen de los vegetales su energía vital y los nutrientes necesarios para realizar "su trabajo". Si además tomamos la precaución de reintegrar al suelo aquello que extraemos de él (la cosecha), ya sea mediante nuestros propios residuos orgánicos (orina curada) o estiércol, dispondremos entonces de un huerto estacionario, un sistema de producción que puede alimentarnos de forma indefinida en el tiempo, sin miedo a la pérdida de fertilidad del suelo o a su degradación.

REFERENCIAS
Nada hay nuevo bajo el sol. Aunque la experiencia del huerto ha partido de principios termodinámicos,  y la observación de la Naturaleza, estos principios son básicamente los mismos que los de la agricultura de conservación, que según la FAO crece exponencialmente en todo el planeta. En Brasil por ejemplo supera lo 10 millones de hectáreas. También podemos bajarnos desde la web de este organismo dependiente de la ONU un interesante documento sobre soluciones para la compactación del suelo. La documentación es abundante, pública y gratuita.

domingo, 8 de julio de 2012

El huerto estacionario. Termodinámica para hortelanos.

Andamos a la búsqueda de alternativas a un sistema económico que cada vez se nos muestra mas insostenible, bordeamos el abismo, mientras la globalización nos muestra el lado mas oscuro y sombrío de un capitalismo que naufraga en su propia victoria. El marxismo sin embargo comparte con el capitalismo el análisis histórico y la actitud productivista que sigue sin ver los límites del crecimiento. Pero nos encontramos en un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y ya aplastamos nuestra nariz contra estos límites. Si no queremos sucumbir a la desorientación de la que hacen gala nuestros expertos economistas, no tenemos mas remedio que trascender el símbolo, y mas allá del dinero hablar del mundo físico y de economía real.

 Aunque parezca extraño las Leyes de la Termodinámica no afectan solo a las máquinas y al calor sino a también a la vida y a todos los sistemas, y por tanto a nuestro sistema económico, social y político. Podría decirse que las Leyes de la Termodinámica son el equivalente a la constitución de todas las leyes de la Naturaleza. Como toda constitución, fija un marco y unos límites a los cuales han de ceñirse todas las demás leyes. Pero nuestro sistema de creencias, nuestro pesado legado irracional es bíblico y penetra en nuestra vida cotidiana. Al parecer, seguimos convencidos de que Dios proveerá y afirmar lo contrario sigue siendo una herejía.

MI HUERTO TERMODINÁMICO
La experiencia lleva camino de dos años. Es una opción para una transición individual a un mundo sin apenas energía. El punto de partida es un tanto desolador: un suelo pobre y poco apto para la agricultura, pocos conocimientos en la materia y escasa energía para trabajar. El desafío es conseguir restaurar el suelo a la vez que obtenemos algo de lo que produce, sin laboreo, sin insecticidas, sin herbicidas y solo con ocasionales aportes de restos de materia orgánica a modo de fertilizante. El objetivo producir alimentos con el menor esfuerzo posible, recuperar la biodiversidad y prepararse para el cambio climático.
Hablar de la cultura de lo permanente no ha sido lo que ha servido para obtener cierto reconocimiento entre los que todavía optan por los agroquímicos y las mulas mecánicas, sino el hecho de conseguir los primeros frutos sin tocar la azada, ningún gasto en insecticidas ni herbicidas, y escasos aportes de estiércol. Mantener por ejemplo, el huerto con apenas incidencia de pulgón mientras a pocos metros este destrozaba hasta secarlo un lindero de plantas de alcachofa puede ser una evidencia suficiente para demostrar que otra forma de hacer agricultura es no solo posible, sino deseable y objetivamente mas eficiente.

Los tres primeros escollos a salvar han sido cómo conseguir un suelo mullido sin laboreo, evitar problemas de plagas sin insecticidas y no verse desbordado por las llamadas "malas hierbas" sin herbicidas y sin un excesivo trabajo.

LEY DEL MÍNIMO DE LIEBIG
Hablar de termodinámica es hablar de límites, pero a su vez son estos límites los que permiten generar la estructura de nuestro mundo conocido.
La energía y también la materia, no se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Una consecuencia de este enunciado es la ley del mínimo, que aunque se refiere habitualmente a los nutrientes del suelo, nos sirve también para las condiciones generales necesarias para nuestro cultivo. El agua, la tierra, la superficie disponible, la cantidad de luz, son factores limitantes y da igual que dispongamos de mucha agua si apenas tenemos tierra. O puede que dispongamos de mucha tierra pero  el agua escasee y en ese caso será el agua lo que limite la cosecha.
La cantidad de superficie de la que dispongo es menor de cien metros cuadrados, divididos en bancales, arriates y ventanas. El cultivo es un ejercicio de biomimésis del Sistema de la Tierra y de la economía de un estado estacionario, que iré desarrollando en próximos post.


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