sábado, 7 de abril de 2012

Economía de Guerra

La verdad triunfa siempre.
Aunque sea al final, cuando ya no quede nadie.

Estamos en guerra. Siempre lo hemos estado. Nuestro sistema capitalista siempre ha estado en guerra contra la vida, contra los comunes. La absoluta libertad ha llevado al absoluto saqueo. Hemos llegado justamente al punto hacia el que avanzábamos. El egoísmo nos ha llevado a la desestructuración social, el expolio de los recursos a su agotamiento, la economía de lo insostenible al derrumbe, el menosprecio de lo público a la corrupción, el control de nuestras mentes por medio de la publicidad a esta estupidez desorientada donde nadie ve aquello con lo que tropieza. Hemos creído y seguimos creyendo en el dinero, en su capacidad para mover el mundo. Pero es mentira, al planeta le ha ido perfectamente sin dinero durante miles de millones de años. Lo que mueve el mundo es la energía, hasta el último de nuestros pestañeos. Pero hemos decidido emanciparnos de la propia realidad, sacrificar a las personas para salvar a los bancos, hemos garantizado la impunidad del dinero y ahora es imposible distinguir la economía del crimen organizado.

Es cierto, estamos en una economía de guerra. Una guerra donde se confunde al enemigo con el aliado, a la víctima con el verdugo y al verdugo con la víctima. Nadie se hace rico trabajando. La sabiduría popular viene en nuestro socorro cuando los medios de comunicación se adoctrinan en el engaño. Y ahora debemos elegir el bando, porque el capital no consiente neutralidades y la vida es un tesoro que solo se conserva cuando se defiende.
Esta es una guerra entre los que se afanan en el expolio, y quienes ya no tienen nada que perder.
Guerra contra el desamparo, no contra los desamparados.
Guerra contra la injusticia, no contra los indefensos.
Guerra contra la desigualdad, no contra los desahuciados.
Guerra contra el engaño, no contra los desengañados.
Guerra contra el hambre, no contra los hambrientos.
Guerra contra la pobreza, no contra los pobres.
Guerra contra el egoísmo, no contra la solidaridad.
Guerra contra el desempleo, no contra los trabajadores.
Guerra contra la corrupción, no contra quienes la investigan.
Guerra contra la esclavitud, no contra los esclavos.
Guerra contra la guerra, no contra la paz.
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