martes, 14 de febrero de 2012

Biomimesis sistémica global: el camino a Gaia

Siempre me maravilló observar desde la infancia cómo en la Naturaleza los seres vivos son libres, hay alimento para todos y nadie trabaja, nadie controla. Pero los mecanismos de auto-regulación no tenían predicamento entre las mentes acostumbradas a la servidumbre y a la esclavitud, así que me enseñaron como dogma incuestionable que existía un policía invisible que ponía orden en todo aquello, un jefe virtual al que todos los seres vivos obedecían sin rechistar: Dios. El hombre sin embargo, como ser superior, había sido bendecido por el Creador con el don del libre albedrío... y la obligación de obedecer al terrateniente, al cura, al juez, al alcalde y a la Guardia Civil. Como no acababa de ver las indudables ventajas de ser yo quien alimentara con el sudor de mi frente a semejante cohorte de parásitos, pasaba mis días entre ranas, pájaros y bichejos varios. Había una recompensa por una vida de sumisión, pero era a título póstumo, en la "otra" vida. En esta vida tocaba reproducirse como conejos, trabajar como bestias, comportarse como borregos y estar dispuestos a ser sacrificados como cerdos. Para eso teníamos una dictadura que casi igualaba a la que podía darse en el reino de los cielos y una caterva de fascistas que aún hoy, emponzoñan nuestras instituciones llamadas democráticas.
Los niños tienen la extraña capacidad de ver a los emperadores desnudos mientras los adultos alaban el manto de armiño. Pero por alguna extraña razón nunca dejé de ver en el hombre la patética estampa de un mono desnudo y presuntuoso, aunque empecé a ocultarlo, no sin cierta incomodidad. Es cierto que podía razonar con muchas personas, pero a otras, darles la razón era suficiente. Aprendí de la Naturaleza lo que tuvo a bien enseñarme y del resto de seres humanos que mis inquietudes eran las de muchos y que a veces, una atmósfera de biofilia iluminaba de añoranza la atmósfera triste de las ciudades.
Ahora que nos encontramos al borde del abismo, llevados de la mano por expertos de todos los tipos y colores, me parece indecoroso apelar al currículum para dar brillo y fulgor a cualquiera de mis argumentos. Asumo pues, la magnitud de mi ignorancia, pero dado que tropiezo constantemente con insultos a la mas elemental sensatez, refrendados con el atavío de la excelencia y la opinión de incontables expertos. Me atrevo a afirmar que el emperador está desnudo y que nuestro modelo económico toca a su fin.

EL CRECIMIENTO INFINITO
Solo el arraigo de los fundamentalismos religiosos en la inspiración de nuestro modelo económico explica la creencia en el crecimiento infinito en un planeta de recursos limitados. "Creced y multiplicaos, llenad el mundo y someted a todas sus criaturas". Es lo que dice el Génesis. En realidad son las instrucciones para tener un bonito Apocalipsis. Durante siglos los economistas han considerado una transición del crecimiento económico a un estado estable, desde los economistas clásicos, como Adam Smith, a los actuales economistas ecológicos. Sin embargo nuestro actual modelo es una carrera sin freno hacia el precipicio, en busca de una profecía autocumplida hija de los fundamentalismos protestante y católico. La conexión entre el conservadurismo económico y religión no es casualidad, es la combinación perfecta y necesaria para construir una épica de la irracionalidad y del suicidio colectivo.

ECONOMIA DEL ESTADO ESTACIONARIO
Como todos los motores, el motor del crecimiento económico necesita energía para funcionar y en su casi totalidad la obtenemos del los combustibles fósiles. Pero nuestro modelo necesita un consumo siempre CRECIENTE para funcionar. Ese es el motivo por el que el colapso de nuestro sistema económico no se produce cuando la energía se agota, sino cuando no podemos obtener energía de forma CRECIENTE. Y ese momento no solo ha llegado, sino que ya ha pasado. Según la Agencia Internacional de la Energía el pico de producción del petróleo tuvo lugar en el año 2006. Sin embargo, todavía nos encontramos en una fase de meseta en la que el declive de la producción aún no es evidente. Eso significa que la verdadera crisis está por venir y es inevitable porque viene provocada por los límites físicos que afectan a la economía real, sean cuales fueren el número de billetes que decidan imprimir las autoridades monetarias.
La economía del estado estacionario es la que propone que el motor del sistema funcione consumiendo energía de forma ESTABLE, que al igual que ocurre con nuestros vehículos puede tener oscilaciones en su consumo pero siempre dentro de unos límites. La idea fundamental es que el progreso material sería limitado, mientras los cambios cualitativos en los individuos y las sociedades serían los que definirían la idea de progreso. Esto significa que el progreso cualitativo, que para el ser humano significa la mejora ética, intelectual y cultural, sería el único posible que podría mantenerse a largo plazo según las leyes de la Física. Y eso es exactamente lo que lleva haciendo la Naturaleza desde que la vida irrumpió en este planeta: evolucionar.

EL CAMINO A GAIA
Frente a nuestro modelo económico basado en dogmas bíblicos y en la ingeniería de la estafa, tenemos la economía real, materia y energía cuyos flujos no responden a las tendencias del mercado, sino a leyes físicas fundamentales que no pueden ser sobornadas, ni tan siquiera intimidadas, por las hogueras de la Inquisición. Por otro lado está la vida, de la que nos hemos autocoronado reyes, sin mas argumento que nuestra capacidad para destruirla. Esto nos está llevando a una crisis global sin precedentes. Una crisis de realidad que nos enfrenta a los límites de lo posible, a los límites del crecimiento.
Pero ¿qué es Gaia? ¿es posible imitar su intrincado metabolismo? De Gaia sabemos que su existencia es posible, que es real y que nosotros formamos parte de ella. Pero hace mas treinta años que hemos superado la capacidad de carga del planeta. Urge pues, realizar una transición hacia una economía de lo posible. Si no lo hacemos, deberemos afrontar un colapso catastrófico.
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