viernes, 22 de abril de 2011

La crisis del egoísmo

El egoísmo marca los límites de la inteligencia individual.
Se oye con demasiada frecuencia que estamos ante una crisis de valores, aunque para las élites económicas solo cuentan los que cotizan en bolsa. Pero no nos engañemos, esta profunda crisis económica está mostrando la incapacidad de los valores propugnados por nuestro sistema económico para gobernar el mundo. El egoísmo como motor básico de la economía, solo ha funcionado mientras hemos parasitado y expoliado recursos naturales propios y ajenos. No solo eso, hemos expoliado el futuro de nuestros hijos y descendientes, hemos cavado su tumba.
Consideraciones morales aparte, el mayor problema que presenta el egoísmo para resolver problemas reales es la visión miope y sesgada de la realidad que provoca, una incapacidad para abordar problemas que superan una cierta escala. Imaginemos que damos un vehículo con el depósito repleto de combustible a varias personas. Nuestro primer beneficiario resulta ser tan egoísta que apenas consumido el carburante desecha el vehículo. Un segundo beneficiado es mas inteligente y sigue repostando y usando el vehículo hasta que sufre la primera avería, tras la cual también abandona el vehículo. Pero un tercer beneficiario bastante mas inteligente repara las averías y solo cuando el vehículo termina su vida útil desecha el vehículo. Y ahí se nos acaba la inteligencia. Pocos son los que se plantean el reciclaje de los valiosos materiales con los que está construido nuestro vehículo y evitar así a nuestros descendientes y a nosotros mismos, un futuro de recursos agotados, contaminación, esclavitud y miseria.

El egoísmo solo es una forma de inteligencia a corto plazo.
Probablemente esa sea la causa de nuestra carencia de inteligencia colectiva. Si tuviésemos un mínimo concepto de nuestra supervivencia como civilización no caeríamos en un error de perogrullo como pretender un crecimiento infinito en un planeta finito. Tiempo hace que hubiéramos diseñado un modelo económico estacionario como el que ha regido la vida en el planeta durante millones de años. Pero nuestro modelo económico ha impuesto como doctrina irrefutable que el egoísmo de unos y su tendencia a acumular sin control, beneficia a todos y en última instancia al resto de la sociedad. En un sistema finito, eso solo es posible concentrando la riqueza en unas pocas manos y expoliando hasta el agotamiento el patrimonio vital común para contentar al resto de la población con las migajas del botín.
Solo una sofisticada planificación de ingeniería social ha hecho posible semejante disparate basado en tres pilares fundamentales: propaganda, obsolescencia programada y financiación.

El egoísmo es el motor del colapso.
¿Que ocurre cuando los que manejan el mundo acaban creyendo sus propias mentiras? Un naufragio del que esperan salir airosos en lujosos botes salvavidas.
Es la visión a corto plazo la que nos impide ver el precipicio hasta que tenemos un pie en el aire, e incluso nos puede hacer pensar que cuando caemos, en realidad volamos, aunque en realidad solo sea una manera de negar que hemos perdido el control de la situación.
Si tuviera que dirigirme a alguien y solo pudiera hacerlo con un número pequeño de personas, no elegiría entre los millones de personas que perderán la vida en el colapso, sino a aquellos que se consideran seguros, parapetados en la riqueza acumulada y les diría que nos les servirá de nada, que el egoísmo les impide ver que sin el sostén de aquellos a quién han parasitado no serán mas que náufragos condenados a una agonía solitaria.

11 comentarios:

  1. Una acertadísima reflexión que incide, una vez más, en lo absurdo que es nuestro sistema de vida.
    Vivimos tiempos que bordean todos los límites y, aun así, los poderosos se parapetan con más fuerza en el muro que nos hundirá a todos: el egoísmo.
    Todavía Hobbes sigue vigente y el hombre es un lobo para el hombre. La avaricia nos ciega y el egoísmo será nuestra tumba.
    Ojalá aún fuera posible un cambio, ese que tantos ansiamos y exigimos cada vez con mayor urgencia.
    Desde nuestras débiles fuerzas individuales, sigamos chillando, clamando porque impere la solidaridad entre los hombres y el respeto hacia el planeta que nos sostiene. ¡Ay, si consiguiéramos algo!
    Un abrazo, Camino, y dile a Gaia que no pierda la esperanza.

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  2. Isabel Martinez Barquero, me temo que el cambio llegará lo que queramos o no. Intento reflexionar sobre los límites físicos, no podemos perder energías en pos de aquello que las leyes de la naturaleza delimitan. Una vez aceptados nuestros límites y nuestras escalas nos queda el estrecho margen de nuestra libertad y responsabilidad, que aunque pequeño, tiene un lugar en el gran mecanismo de la vida y es suficiente para absorber todas nuestras energías.
    No podemos convencer al egoísmo con razonamientos morales, pero podemos acercarle la realidad que escapa a su estrechez de miras.
    Un abrazo

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  3. No queda mucho por decir, porque en mi opinión lo has explicado de forma clara y correcta.
    El dinero es el dueño de nuestras vidas, hemos dejado que sea así y son las élites financieras las que nos gobiernan en la sombra imponiendo la rígida maquinaria del consumo a costa del equilibrio natural o de la pobreza y miseria de una inmensa mayoría.
    El egoísmo es el embrión de este sistema, no puede ser de otro modo. Se nos educa en la competitividad y en escalar posiciones para ganar mucho dinero. Ya no cabe la constante de pertenecer a un grupo y colaborar con él para sobrevivir o mejorar.
    El Planeta es un ser vivo que sufre con saña nuestros desvaríos.
    Muy interesante reflexión, Gaia.
    Besos

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  4. Nuestra única opción: entre todos, sin egoismos, ahora.

    Saludos

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  5. Y cómo se reproducen estos egoísmos, dominantes en la esfera pública, también en el ámbito de nuestra vida personal, y en una escala más cotidiana y, por desgracia, en la escala de valores que empiezan a regir nuestras relaciones personales, laborales y sociales.

    Un abrazo

    Ramón

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  6. @GINEBRA: el planeta es un ser vivo y nosotros somos en cierta medida parte de su sistema nervioso y de su conciencia, todo daño infringido a la mano que nos da vida provocará nuestro sufrimiento,todo lo que envenenamos terminará siendo nuestro alimento.
    Un saludo

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  7. @Myriam: Es nuestra única salida, dar un paso atrás, romper el tablero en el que jugamos esta partida absurda. Romper las barreras del egoísmo es empezar a vivir en un mundo mas grande y mejor.

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  8. Ramón, la visión miope y cerrada nos lleva a un individualismo atroz, ciego ante las inmensas posibilidades de la colaboración.

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  9. El motor salvador de nuestra especie es la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua.

    No hay ricos, sino enriquecidos. No hay pobres, sino empobrecidos. La codicia y el egoísmo de los primeros por ir dejando sin trozo alguno de pastel a los segundos son inconscientes. Y lo son porque los avaros no piensan en que el planeta cuando ya no dé más de sí, a causa de tan tremenda e irracional explotación, va a hundirse como el barco que es. Un barco a bordo del cual vamos todos/as.

    Recíbase de mi parte un cordial saludo.

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  10. Nacemos y morimos solos. Podríamos vivir acompañados pero el egoismo aislante y avaricioso nos maltrata.

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  11. Muy claro, amiga. Comparto en Facebook. un abrazo.

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