jueves, 16 de septiembre de 2010

Despedir a Ana



Gaia observaba las idas y venidas de Ana sin poder evitar una cierta inquietud. Ana le había prometido tres palabras para cambiar el mundo, mientras el planeta se dirigía a su destrucción sin apenas variar el rumbo. Y hacía falta mucho mas que eso, era necesario un cambio de sentido.
Finalmente preguntó.
-¿Para qué encendemos tres velas?
-Los seres humanos sentimos la necesidad de realizar rituales, de repetir nuestros actos. Usamos los símbolos y aquello que carece de razón aparente, para fijar en la memoria nuestras emociones. También en ellas existe conocimiento y también los sentimientos son materia de olvido y de memoria. Es fácil preservar y acumular ideas, podemos reunirlas en bibliotecas. Las ideas pueden dirigir el mundo, pero las emociones lo mueven. El arte no es una herencia inútil. Sin poesía, el lenguaje se acaba convirtiendo en algo inhóspito, la razón termina perdiendo el sentido.
Enciendo la primera vela por nosotras y a esa llama entrego la memoria de lo que somos.
Enciendo la segunda vela por aquello que amamos y a su llama entrego todo lo que deseamos conservar.
La tercera vela simboliza la belleza y la enciendo por todo aquello que debiera ser amado.
Si alguna de las velas se apaga, podemos devolverle la vida con la llama de las que aún se agitan. Con esa simple intención invoco fortaleza y esperanza.

Sentadas así, frente a frente, Ana tomó aquellas manos pequeñas. En el círculo formado acogían la danza de las luces.
Ana se limitó a mirar a los ojos de Gaia. No hizo falta mas discurso.
Todas las palabras se aunaron en un instante. Y ya solo hubo confluencia.
¿En que costa jugaban en la arena aquellas olas? ¿En qué miríada de gotas festejando el arco iris se elevaba? Cruzó la sangre de un albatros. Su rebaño de peces pastaba entre las algas. El ojo del huracán concentraba toda la paz del mundo. Dejó macerar su dolor en la tierra. Después encontró la raíz, siguió sus pasos, ahondó en el aire y en la savia. Antes de emerger recordó su promesa: tres palabras. Tomó la flor del almendro. Se hizo unos labios de perfume. Pudo así hablar con su nueva transparencia. Tres palabras. Entonces dijo para siempre:
"Yo soy Gaia"

12 comentarios:

  1. .

    Gaia siempre presente en cada despertar y en cada anochecer, porque ella misma es Noche y Dia.

    Saludos.

    Ana Lucia

    .

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  2. Es muy bonito. Se me figura un episodio teñido de un tono ocre, como la tierra (que no es azul, que es ocre... lo que es azul es el agua y el cielo). Un abrazo.

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  3. Cambiar el mundo, cambiar su rumbo, en esa meta estamos, día a día, cada uno dentro de su ámbito.
    ¡Cuanto cuesta cambiar! Damos por hecho que lo establecido -convencionalmente- son estructuras fijas, inamovibles y abandonamos la lucha antes de iniciarla.

    Besos desde G... etafe: PAQUITA

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  4. Me ha parecido precioso lo que has escrito, no se si es de cultivo propio pero es una maravilla. un abrazo.

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  5. La flor del almendro es un buen símbolo para ello, sin duda.

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  6. Intenso poema ritualizado en palabra de vida...

    gracias

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  7. Es magnífica tu prosa. Siempre, siempre me traspasa y me sacude como las notas de la más deliciosa melodía.

    Enciendo esas tres velas contigo y suscribo todo lo que expresas, sobre todo: "El arte no es una herencia inútil. Sin poesía, el lenguaje se acaba convirtiendo en algo inhóspito, la razón termina perdiendo el sentido."

    Besos, Gaia, amiga querida.

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  8. Te sigo, y te añado a mis favoritos.

    Un abrazo.

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  9. Me ha traido Pedro Ojeda. Un placer leerte.

    Estoy de acuerdo contigo, son las emociones, los sentimientos los que dirigen nuestras decisiones, según la impresión y sensación de ese instante optamos por una respuesta u otra, tomamos una determinación concreta.

    Tres palabras complicadas... saber exactamente quienes somos, qué queremos no es tan sencillo...

    saludos.

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  10. Gracias por el comentario... me ha sorprendido, en un principio pensé que eras una mujer, bueno... esto tampoco es para tanto.


    No, en ningún momento pensé en trascender la historia de aquella pareja y relacionarla con la lapidación de mujeres musulmanas. Pero intenté que la reflexión condujese al hombre a empatizar con la mujer y crear vínculos de pensamiento. Al fin y al cabo, no somos tan diferentes: sentimos miedos, desconfianzas, cariños y amor del mismo modo.

    Totalmente de acuerdo contigo: el amor se sustenta y mantiene en la realidad, no en quimeras, fantasías y sueños idealizados.

    saludos.

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  11. instrospectiva prosa, contundente palabra
    Felicitaciones

    un buscarse y encontrarse entre los clarooscuros de nuestro propio paisaje interior es siempre una aventura para experimentar

    besitos de luz

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  12. Tremenda basura el comentario que dejastes en el pais bueno igual a este blog jajajaja

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